¿Y ahora que hemos roto, qué pasa con la casa?

Cuando una pareja decide poner punto y final a su relación y existe una vivienda en propiedad, surgen una serie de dudas y problemas. Qué hacer con la vivienda conyugal tras un divorcio, no es de poca importancia.

Este tema adquiere una gravedad de mayor magnitud cuando hay hijos de por medio y estos son menores de edad. En este caso, no importa de quién sea la vivienda, ni el régimen económico del matrimonio. Ni si quiera, si existe separación de bienes o gananciales.

En este caso el juez otorgará el uso y disfrute del inmueble al hijo o hijos del matrimonio hasta que estos cumplan la mayoría de edad. Por tanto, la persona a la que el juez conceda la custodia de los menores será quien disfrute de la vivienda familiar.

Así lo dictamina el artículo 96 del Código Civil: “En defecto de acuerdo de los cónyuges aprobado por el Juez, el uso de la vivienda familiar y de los objetos de uso ordinario en ella corresponde a los hijos y al cónyuge en cuya compañía queden”.

Se trata de un articulo muy encorsetado que no permite al juez valorar la situación particular de cada familia. Ni garantizar el alojamiento a los menores mediante, por ejemplo, la atribución de otro inmueble del que sean propietarios las dos partes.

 

 

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